
En pleno auge bananero, Ignacio López—joven veterinario de origen antioqueño—atracó en Barú buscando pastos vírgenes para ganado cebú. Contra todo pronóstico, eligió Punta Blanca, una franja de arena blanca y selva tupida donde nadie imaginaba criar reses.
“El mar era turquesa, pero lo que más me impresionó fue el silencio; supe que allí echaría raíces.”
— Fragmento del diario de don Ignacio, 1956
Armado con machete y paciencia, abrió caminos a caballo que hoy se han convertido en las rutas naturales de nuestros Tours Inmobiliarios.
Hija de pescadores cartageneros, Mercedes González se enamoró de Ignacio y del sabor dulce de la brisa. Mientras su esposo expandía hatos, ella impulsó el cultivo de coco y la artesanía con totumo, organizando a las mujeres de Barú Central en la primera cooperativa local.
Ese espíritu asociativo sembró las bases de la visión comunitaria que define a Barú Norte: desarrollo sí, pero con la gente adentro.
Rogelio, nieto de Ignacio, se graduó como arquitecto en Bogotá y volvió con una idea audaz: planificar un destino turístico sin sacrificar su esencia natural. Reemplazó potreros por corredores biológicos, diseñó senderos de bajo impacto y estimuló la reforestación de manglares con la comunidad escolar de Platanal.
Su primer gran hito llegó en 2006 con la apertura del “Mirador de la Milla de Oro”, un deck panorámico construido con madera certificada FSC que hoy es punto obligado de avistamiento de delfines. Lo recaudado en entradas financió becas para jóvenes de la isla—la misma generación que ahora lidera los proyectos de energías renovables.
La propuesta de crear la “primera comunidad planificada del Caribe” atrajo inversionistas de impacto social. Nació oficialmente Barú Norte, con un modelo mixto:
Hoy Barú Norte celebra +50 tours inmobiliarios y +10 proyectos de desarrollo impulsados, pero los López saben que el reto apenas empieza: balancear turismo premium con conservación de la Bahía Honda y mantener acceso digno a la educación para las nuevas generaciones.
“Nuestro mayor activo es la confianza de la comunidad; cualquier plano que dibujemos debe caber en ese corazón.”
— Rogelio López, fundador de Barú Norte